martes, 29 de noviembre de 2016

El festín de Babette

¿POR QUÉ QUIERE EL PAPA FRANCISCO QUE VEAMOS "EL FESTÍN DE BABETTE"?...


Su película favorita nos desafía a mirar fuera de nosotros al servicio de la misericordia

En una entrevista reciente, el papa Francisco volvió a mencionar su película favorita, El festín de Babette, de 1987. Mencionó de nuevo esta película danesa mientras hablaba con Avvenire, en respuesta a unas preguntas en relación a los que criticaban sus esfuerzos ecuménicos. El papa Francisco comparó el comportamiento rígido de los que se oponían a su compromiso ecuménico con la rigidez de los ciudadanos representados en El festín de Babette.
No es la primera vez que el papa Francisco hace referencia a su película preferida. De hecho, hasta la referenció en Amoris laetitia, lo cual probablemente hace de El festín de Babette la primera película mencionada nunca en un documento papal.
Pero ¿por qué le gusta tanto al papa Francisco esta película y sigue recomendándola? ¿Qué lecciones espirituales podemos aprender de ella?
Antes que nada, empezaremos con una sinopsis breve para aquellos que no la hayan visto. La película comienza en una pequeña aldea protestante que lleva muchos años siendo guiada por un pastor muy estricto.
Las creencias de la congregación son extremadamente “puritanas”, haciendo de la aldea un lugar apagado, gris, donde apenas brilla la alegría. Los habitantes del pueblo están tan preocupados por cumplir con tantísimas normas que temen permitirse cualquier tipo de placer terrenal.
Tras la muerte del pastor, sus hijas se ven forzadas a liderar la menguante congregación. Confiaban en poder casarse, pero su padre se negaba rotundamente al matrimonio y había prohibido a cualquier pretendiente que se acercara a sus hijas.
Entonces, un día, una mujer francesa, Babette, llega a la ciudad y le da la vuelta a la tortilla. Mientras trabaja como ama de casa en la aldea, Babette descubre que ha ganado la lotería en París y, en vez de tomar el dinero y volver a casa, decide gastarlo todo en un auténtico “festín francés”.
Muchos de los vecinos se escandalizan por la profusión de coloridos ingredientes y deciden negarse a degustar lo que quiera que cocine. Consideran que el festín es un “sabbat satánico” y creen firmemente que no deberían disfrutar la comida porque les expondría a terribles pecados.
Sin embargo, una vez sentados a la mesa y tras dar unos bocados a la variedad de platos, descubren rápidamente que resistir es más difícil de lo que pensaron. Llega un momento que no pueden contenerse más y disfrutan abiertamente del festín, después del cual todos se sienten eternamente agradecidos a Babette por haber abierto sus ojos a los sencillos placeres de la vida.
El papa Francisco contempla la belleza de la película de formas diferentes. Primero, ve el festín como un ejemplo de auténtica felicidad. Según escribe en Amoris laetitia:
“Las alegrías más intensas de la vida brotan cuando se puede provocar la felicidad de los demás, en un anticipo del cielo. Cabe recordar la feliz escena del film El festín de Babette, donde la generosa cocinera recibe un abrazo agradecido y un elogio: ‘¡Cómo deleitarás a los ángeles!’. Es dulce y reconfortante la alegría de provocar deleite en los demás, de verlos disfrutar. Ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él” (AL, 129).
El papa Francisco percibe en la desprendida generosidad de Babette un ejemplo digno de imitar. Babette gasta todas las ganancias de la lotería en este festín y pasa semanas planificando la comida y reuniendo los ingredientes necesarios. Esta es la dicha que el papa Francisco quiere que experimentemos, una alegría que no se centre en deseos egoístas, sino en el disfrute de los demás.
En segundo lugar, el papa Francisco considera la película como una llamada a que nos abramos al trabajo del Espíritu Santo. A veces nos sentimos tentados a imitar a los fariseos de antaño y poner una valla en torno a nuestras creencias para centrarnos en las normas humanas que elaboramos para protegernos a nosotros mismos.
Las normas, sin duda, son necesarias, pero cuando nos obsesionamos con ellas y establecemos otras nuevas que no tienen correlación con el corazón de los Evangelios, nos cegamos ante la voluntad de Dios para nuestras vidas.
Esto no es una crítica a los Diez Mandamientos ni a las inmutables verdades dogmáticas, sino a las normas que nosotros hacemos (como el ignorar a los protestantes) para protegernos de cometer pecado. El papa Francisco nos desafía a replantearnos de qué forma querría Dios que nos acercáramos con misericordia a aquellos con los que no estamos de acuerdo, sin temor a entablar diálogo con ellos.
En esta película resuenan los deseos del papa Francisco. El filme destaca la necesidad de la misericordia no a expensas de la verdad, sino en unión a la verdad. El brindis al final de la comida resume perfectamente por qué al papa Francisco le encanta esta película:
“Llega el día cuando nuestros ojos se abren,
y llegamos a entender que la misericordia es infinita.
Solo es necesario esperarla con confianza
y recibirla con gratitud.
La misericordia no impone condiciones.
Y, he ahí, todo lo que hemos elegido
nos ha sido concedido,
y todo lo que rechazamos
también nos ha sido concedido.
Sí, también recibimos lo que rechazamos.
Porque la misericordia y la verdad se encuentran juntas
Y la rectitud y la dicha se besarán mutuamente”.
En resumidas cuentas, El festín de Babette es la película favorita del papa Francisco porque nos desafía a mirar fuera de nosotros mismo y a ver la belleza de la alegría y la misericordia de Dios. Es una película sobre el servicio desprendido al prójimo, que no siempre es acorde a nuestras “normas” humanas y, precisamente por ello, puede revolucionar nuestra visión sobre la misericordia de Dios.
Tal y como dice Philippa a Babette al final de la película: “Esto no termina aquí, Babette. En el Cielo serás la gran artista que Dios quería que fueras. ¡Cómo deleitarás a los ángeles!”.




jueves, 24 de noviembre de 2016

19 CLAVES PARA ENTENDER LA CARTA DEL PAPA FRANCISCO “MISERICORDIA ET MISERA”...

El documento del Pontífice en una serie de puntos que marcan una hoja de ruta cotidiana de la misericordia
A continuación presentamos en 19 puntos la síntesis de la Carta Apostólica Misericordia et miseria del papa Francisco al concluir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.
En primer lugar, el Papa explica que Misericordia et miseriason dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8,1-11). Es una enseñanza que “viene a iluminar” el camino que estamos llamados a seguir en el futuro. 


1. El amor de Dios supera el pecado
En el centro no aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de Dios que sabe leer el corazón de cada persona para comprender su deseo más recóndito, y que debe tener el primado sobre todo (…). Una vez que hemos sido revestidos de misericordia, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera.


2. Perdón, acto de amor
El perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. (…) No podemos correr el riesgo de oponernos a la plena libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de cada persona (…). La misericordia es esta acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida.


3. Testigos de esperanza
La misericordia suscita alegría porque el corazón se abre a la esperanza (…). Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella.
 4. Soplo vital, la misión
Como un viento impetuoso y saludable, la bondad y la misericordia se han esparcido por el mundo entero (…). Hemos percibido cómo su soplo vital se difundía por la Iglesia y, una vez más, sus palabras han indicado la misión: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20,22-23).


5. El amor de Dios nos precede siempre
No limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu (…). En primer lugar estamos llamados a celebrar la misericordia (…). Por tanto, abramos el corazón a la confianza de ser amados por Dios. Su amor nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestros pecados.



6. Comunicar la vida cristiana
Comunicar la certeza de que Dios nos ama no es un ejercicio retórico, sino condición de credibilidad del propio sacerdocio (…). Vivir la misericordia es el camino seguro para que ella llegue a ser verdadero anuncio de consolación y de conversión en la vida pastoral. La homilía, como también la catequesis, ha de estar siempre sostenida por este corazón palpitante de la vida cristiana.


7. Renovar compromiso de difundir la Biblia
La Biblia es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios (…). Sería oportuno que cada comunidad, en un domingo del Año litúrgico, renovase su compromiso en favor de la difusión, el conocimiento y la profundización de la Sagrada Escritura: un domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios.

8. Misioneros de la misericordia seguirán su misión
Doy las gracias a cada Misionero de la Misericordia por este inestimable servicio de hacer fructificar la gracia del perdón. Este ministerio extraordinario, sin embargo, no cesará con la clausura de la Puerta Santa. Deseo que se prolongue todavía, hasta nueva disposición, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo.


9. Sacerdotes misericordiosos con los casos más complejos
Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina. Hay un valor propedéutico en la ley (cf. Ga 3,24), cuyo fin es la caridad (cf. 1 Tm 1,5). (…)Incluso en los casos más complejos, en los que se siente la tentación de hacer prevalecer una justicia que deriva sólo de las normas, se debe creer en la fuerza que brota de la gracia divina.

10. Reconciliación 
El Sacramento de la Reconciliación necesita volver a encontrar su puesto central en la vida cristiana (..) Una ocasión propicia puede ser la celebración de la iniciativa 24 horas para el Señor en la proximidad del IV Domingo de Cuaresma.


11. Aborto, pecado grave, sacerdotes sean guía
De ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado del aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar[14], lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente (…). Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.

12. Consolar a afligidos y tristes
Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la e15. Ser creativos para ayudar a los demásxperiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas.


13. Familias centro de misericordia
El don del matrimonio es una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con al amor generoso, fiel y paciente. La belleza de la familia permanece inmutable, a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas (…) La gracia del sacramento del matrimonio no sólo fortalece a la familia para que sea un lugar privilegiado en el que se viva la misericordia, sino que compromete a la comunidad cristiana.

14. Ser instrumentos de misericordia
La misericordia renueva y redime, porque es el encuentro de dos corazones: el de Dios, que sale al encuentro, y el del hombre (…). Es aquí donde se descubre que es realmente una “nueva creatura” (cf. Ga 6,15): soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva; he sido “misericordiado”, entonces me convierto en instrumento de misericordia.



Es el momento de dar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia (…). Con todo, las obras de misericordia corporales y espirituales constituyen hasta nuestros días una prueba de la incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social. La misericordia nos impulsa a ponernos manos a la obra para restituir la dignidad a millones de personas que son nuestros hermanos y hermanas, llamados a construir con nosotros una “ciudad fiable” .

 16. Misericordia destierra indiferencia e hipocresía
El carácter social de la misericordia obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta. Que el Espíritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean sólo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios.


17. Trabajar por una cultura de la misericordia
Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia (…). Las obras de misericordia son “artesanales”: ninguna de ellas es igual a otra (…). La cultura de la misericordia se va plasmando con la oración asidua, con la dócil apertura a la acción del Espíritu Santo, la familiaridad con la vida de los santos y la cercanía concreta a los pobres.

18. La misericordia no es una teoría abstracta
La tentación de quedarse en la “teoría sobre la misericordia” se supera en la medida que esta se convierte en vida cotidiana de participación y colaboración (…). No podemos olvidarnos de los pobres: es una invitación más actual hoy que nunca, que se impone en razón de su evidencia evangélica”.
19. Este es el tiempo de la misericordia
Cada día de nuestra vida está marcado por la presencia de Dios, que guía nuestros pasos con el poder de la gracia que el Espíritu infunde en el corazón para plasmarlo y hacerlo capaz de amar. Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura.



domingo, 20 de noviembre de 2016

Santa Misa de clausura del Jubileo de la Misericordia

HOY CELEBRAMOS...

Hoy celebramos a… Jesucristo, Rey del Universo
La gran celebración instituida por Pío XI en 1925

Hoy celebramos a… Jesucristo, Rey del Universo

En el último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Jesús mismo se declara Rey ante Pilatos en el interrogatorio a que lo sometió cuando se lo entregaron con la acusación de que había usurpado el título de 'rey de los Judíos'. "Tu lo dices, yo soy rey. Pero mi reino no es de este mundo", añade. En efecto, el reino de Jesús, el reino de Dios nada tiene que ver con los reinos de este mundo, aunque se manifieste en este mundo. No tiene ejércitos ni pretende imponer su autoridad por la fuerza. Jesús no vino a dominar sobre pueblos ni territorios, sino a liberar a los hombres de la esclavitud del pecado y a reconciliarlos con Dios. El reino de Dios se realiza no con la fuerza y la potencia, sino en la humildad y en la obediencia. Cristo cumple su misión en obediencia al Padre y servicio a la humanidad. Reinar es servir.

Jesús es Rey porque ha venido a este mundo para dar testimonio de la verdad. "Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn 18, 37). El reino de Jesús es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y de la paz. La 'verdad' que Cristo vino a testimoniar en el mundo es que Dios es amor y llama a la vida para participar de su amor. Toda la existencia de Jesucristo es relevación de Dios y de su amor, mediante palabras y obras. Esta es la verdad de la que dio pleno testimonio con el sacrificio de su propia vida en el Calvario.
La cruz es el 'trono' desde el que manifestó la sublime realeza de Dios Amor: ofreciéndose como expiación por el pecado del mundo, venció el dominio del 'príncipe de este mundo' e instauró definitivamente el reino de Dios. Desde este momento, la Cruz se transforma en fuerza y poder salvador. Lo que era instrumento de muerte se convierte en triunfo y causa de vida. Este reino se manifestará plenamente al final de los tiempos, después de que todos los enemigos, y por último la muerte, sean sometidos.

Jesús, el testigo de la verdad, nos descubre la verdad profunda de nuestras personas, del mundo y de la historia, la verdad de Dios para nosotros y de nosotros para Dios. Venimos del amor de Dios y hacia él caminamos. Por eso, porque El descubre la verdad honda y universal de nuestros corazones, todos los que la escuchan con buena voluntad, la acogen en su corazón y se hacen discípulos suyos. El reino de Cristo es el reino de la verdad, el reino del convencimiento y de la adhesión del corazón. En el evangelio de este día resuena la estremecida súplica del 'buen ladrón', que confiesa su fe y pide: "acuérdate de mí cuando llegues a tu reino". Y así sucedió.

Celebrar a Cristo como Rey de la humanidad suscita en nosotros sentimientos de gratitud, de gozo, de amor y de esperanza. El Reino de Jesús es el reino de la verdad, del amor, de la salvación. El nos ha librado del reinado del pecado, de las fuerzas que nos esclavizan y del poder de la muerte. El nos pone en el terreno de la verdad y de la vida, en el camino del amor y de la esperanza. El es el Rey de la Vida Eterna. Esta fiesta nos exhorta a acoger la verdad del amor de Dios, que no se impone jamás por la fuerza. El amor de Dios llama a la puerta del corazón y, donde Él puede entrar, infunde alegría y paz, vida y esperanza.

PIPER, LA PEQUEÑA GAVIOTA QUE NOS ENSEÑA A VENCER LOS MIEDOS DE LA FORMA MÁS INESPERADA...


El pequeño Piper está acostumbrado, como tantos otros, a permanecer bien calentito bajo las alas plateadas de mamá, pero un buen día ella lo obliga a buscar su propio alimento, le señala el camino y cómo debe hacerlo, pues necesita alimentarse y engordar, para luego tener la energía necesaria de iniciar la ruta migratoria. Pero Piper, a causa de su inexperiencia y de sus miedos, es extremadamente lento. Eso, aunado a su habitual distracción, hace que el polluelo sea presa fácil de las olas, a las que aprende a temer enseguida.¿Cuántas veces no nos hemos sentido así al dar los primeros pasos en la vida o en algún campo absolutamente desconocido? Cuando somos pequeños, nuestros padres y educadores se esfuerzan en señalarnos el camino y transmitirnos todo cuanto saben, pero se trata de un proceso de aprendizaje largo y penoso, en el que muchas veces nos vemos defraudados. A veces, nos desanimamos con el primer contratiempo y nos rehusamos a seguir intentándolo, entonces suele ocurrir que alguien viene en nuestra ayuda. Sí, cuando todo parece perdido, surge de pronto ante nosotros una salida que suele librarnos del apuro. A menudo ocurre que nos encontramos, “por casualidad”, con alguien que nos muestra, con mucha paciencia, cómo se deben hacer las cosas; con alguien a quien no le importa invertir parte de su tiempo en explicarnos cómo sortear el temporal. Esta persona suele ser quien nos enseña a encontrar nuestro propio lenguaje, nuestro propio modo de actuar, suele ser quien nos muestra las habilidades que hay en nosotros, que nadie antes supo ver con claridad. Si no encontramos a la persona apropiada, el Destino muchas veces se encarga de encauzar nuestras energías, en esta larga y kilométrica ruta de migración que es la vida, hacia la dirección correcta. Pero antes, es necesario que pasar por ese terrible momento de sentirse confundido y, en algunos casos, hasta paralizado.Dios nunca nos deja solos, Él siempre se encarga, si confiamos en su poder, de hacernos ver cuál es el camino que nos conviene. Cuál es la colonia de miles y miles de aves iguales a nosotros que nos espera.

Eso fue al menos lo que le ocurrió al joven Karol Wojtyla (san Juan Pablo II) cuando presenciaba la matanza de un grupo de judíos por los nazis, en la ciudad de Cracovia. Karol arriesgaba su propia vida al observar de cerca esta tragedia, de hecho, pudo también ser eliminado por las fuerzas alemanas, si es que un sastre llamado Jan Tyranowski no lo saca de tamaño aprieto, urgiéndolo a entrar en su casa. Jan le muestra a Wojtyla las obras completas del poeta místico español san Juan de la Cruz, con las que el futuro Papa descubre su vocación sacerdotal, luego de haber pasado por una etapa muy dura, en la que debió decidirse entre unirse a la lucha armada contra los soldados nazis, como tantos de sus amigos estudiantes, o seguir preservando la cultura e idioma polacos, mediante la escritura de poesía y teatro, por no hablar de la actuación, ya que los alemanes pretendían también eliminar el pasado cultural de Polonia. Este fue para él un periodo tempestuoso, en que tuvo que hacer frente a la muerte de muchos compañeros y a la de su propio padre, a quien cuidó sin ninguna ayuda, durante largo tiempo. También tuvo que colaborar con el trabajo obligatorio en una cantera de piedra, en Zakrzówek, impuesto por las fuerzas de Hitler. Pero al final de semejante travesía, le esperaba la respuesta clara y nítida de Dios que le llamaba a su servicio. Y es que a veces, los momentos más tristes de nuestra vida dan paso a los más memorables.




jueves, 3 de noviembre de 2016

LA ORACIÓN POR NUESTROS DIFUNTOS...

¿Debemos elevar una oración por nuestros queridos difuntos?
Hacer oraciones por nuestros queridos difuntos es un acto de caridad, es querer el bien de sus almas y que se encuentren definitivamente con la fuente del amor y con quien  pronto nos encontraremos nosotros también
El Señor mismo le aseguró a sus Apóstoles en su última cena, que pronto se volverían a encontrar:
"También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar". (Juan 16,22)
Esta promesa del Señor, nos trae a la memoria la maravillosa esperanza de que todos nos volveremos a reunir con nuestros seres queridos en el eterno gozo del Cielo.
Cuando hacemos oraciones por nuestros difuntos también debemos incluir a los servidores especiales de Dios: ¡sus sacerdotes!
Debemos orar especialmente por ellos, ya que a ellos se les ha confiado tanta responsabilidad para guiarnos por el camino de la salvación. Como leemos en el Evangelio de San Lucas:
"Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más". (Lc 12,48B).
Las oraciones que siguen son para pedir por un Papa, obispo y sacerdote fallecidos, respectivamente. Luego estarán las oraciones por los fieles difuntos, nuestros queridos familiares que ya han partido a la gloria celestial.
¡Oramos por sus almas para que cada uno de ellos tenga su propio lugar especial en la Iglesia Triunfante, entre los santos en el Cielo!
Oración por un Sumo Pontífice (Papa), Obispo y Sacerdote fallecido
Oh Dios, que por tu indescriptible providencia favoreciste en contar a tu siervo, el Papa (Nombrarlo aquí) entre los Soberanos Pontífices, concédenos, te rogamos, que así como él gobernó como vicario de tu Hijo en la tierra, se una en comunión con todos los santos Pontífices para siempre.
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Concédenos, oh Señor, por todas nuestras súplicas, que el alma de tu siervo, el obispo (Nombrarlo aquí), que has llamado a tu presencia, fuera de las penas de este mundo, que pueda tener comunión entre todos tus santos. 
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Y te rogamos, Oh glorioso Señor, nos concedas también que el alma de tu sacerdote, tu siervo (Nombrarlo aquí), el cual, mientras permaneció en este mundo, adornaste con dones sagrados, pueda regocijarse para siempre en un lugar glorioso en el cielo. 
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración por nuestros queridos difuntos
Oh Dios, Tú que concedes un perdón generoso y eres el propiciador amoroso de la salvación humana, te rogamos, por tu inmensa bondad y misericordia, que el alma de nuestros familiares, seres queridos, hermanos en la fe y amigos, (nombrarlos aquí), quienes han pasado por esta vida, y cuya memoria guardamos con especial reverencia y por las cuales nos unimos en una oración fraterna, descansen en el seno de todos tus santos y en tu eterna felicidad.
Por Intercesión de la Bienaventurada, siempre Virgen María, y todos tus santos, alcancen la comunión de la bienaventuranza eterna
Que puedan ser iluminados con la luz de tu Rostro y gozar para siempre de las maravillas del Cielo y de todas tus promesas celestiales.
Inclina tu oído, oh Señor, a estas humildes peticiones, en las cuales te rogamos humildemente que derrames tu misericordia sobre el alma de nuestros queridos difuntos (nombrarlos aquí), a quienes has llamado al gozo celestial, para que puedan alabarte junto a todos los ángeles del Cielo en toda la plenitud de tu gloria, y que sean partícipe con tus santos.
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén

miércoles, 2 de noviembre de 2016


CÓMO GANAR INDULGENCÍAS EL DÍA DE LOS DIFUNTOS...


¿Qué es una indulgencia? ¿Cuándo Jesús le dio semejante poder a la Iglesia?

En todas las iglesias, oratorios públicos o semipúblicos, puede ganarse una indulgencia plenaria aplicable a los difuntos el día 2 de noviembre.
Pero ¿qué son las indulgencias? Esto responde el Catecismo: “Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para sí mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos” (CIC N° 312).
En el sacramento del bautismo se nos perdona la culpa y también la pena relacionada con el pecado. En el sacramento de la Penitencia se perdona la culpa y la pena eterna que merece el pecado, pero no el castigo temporal o pena temporal como se le conoce. Esta pena temporal debe ser reparada o en la vida presente o en el purgatorio.

¿Cuando Jesús le dio semejante poder a la Iglesia?
La Iglesia tiene el poder para efectuar la remisión de dicha pena temporal. Este poder fue dado por Cristo, es el poder de la llave, pues Jesús entregó las llaves del Reino de los cielos al apóstol Pedro para atar y desatar aquí en la tierra. Esto no lo invento yo, le dije, sino que está claramente escrito en la Biblia.
“Tú eres Pedro, o sea, piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las fuerzas del infierno no la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielo” (Mateo 16,18-19)
Como vemos, Jesús le otorga a Pedro la autoridad de Atar y Desatar. ¿Qué significa esto? Para explicarlo tenemos que irnos a las tradiciones del Pueblo Judió de tiempos de Cristo. Para los judíos, los términos “Atar” y “Desatar” significan declarar lo que está prohibido y lo que está permitido, es decir, le queda a Pedro decidir lo que está o nó permitido en la Iglesia de Jesucristo.
Entonces, volviendo con el tema de las indulgencias, aseguramos que la Iglesia es la administradora de este gran tesoro que Cristo nos dejó.

¿Cuál es la relación entre las indulgencias y la confesión?
El don de la Indulgencia manifiesta la plenitud de la misericordia de Dios, que se expresa en primer lugar en el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación y ésta presupone que el pecador ha cumplido con los requisitos de una buena confesión entre estos la penitencia que el confesor imponga.
La indulgencia no puede remover la culpa sino solo la pena. La culpa es removida al hacer una buena confesión. Ningún papa ni concilio ha concedido a las indulgencias el poder de remitir la culpa, lo cual pertenece a la confesión sacramental.
Requisitos para obtener la Indulgencia Parcial

  • Tener la intención de ganar indulgencias

  • Realizar la obra o la oración prescrita

  • Estar en estado de gracia

Requisitos para obtener la Indulgencia Plenaria

  • Tener la intención de ganar indulgencias

  • Confesión Sacramental: Hacer una confesión profunda. La confesión puede hacerse el mismo día que se quiere ganar la indulgencia o bien, como se dijo: 8 días antes o bien, 8 días después

  • Comunión Eucarística: Esta debe llevarse a cabo el mismo día en que quiera ganarse la indulgencia

  • Orar por las intenciones del Santo Padre: Debes rezar un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria, y ofrecer estas oraciones por las intenciones del Papa

  • No tener afecto a pecado alguno (ni venial siquiera): Esto es, tener la intención de evitar cualquier tipo de pecado.

  • Visitar el lugar u observar aquello a lo que se le concedió indulgencia.

La indulgencia plenaria solo puede ser adquirida una vez en el transcurso del día (excepto en el momento de la muerte que puede volver a adquirirse). Se requiere además que toda atadura al pecado, incluso al venial, este ausente, esto es con la confesión.
Otras formas de ganar indulgencias
Cumplidas las necesarias condiciones indicadas anteriormente, los fieles pueden lucrar la indulgencia jubilar realizando una de las siguientes obras, enumeradas aquí en tres categorías:
Obras de piedad o religión

  • O hacer una peregrinación piadosa a un santuario o lugar jubilar, participando en la santa misa o en otra celebración litúrgica (Laudes o Vísperas) o en un ejercicio de piedad como el rezo del Vía Crucis, delante de las estaciones, legítimamente erigidas, el rezo del Santo Rosario en una iglesia u oratorio público ante el Santísimo aunque no esté expuesto sino reservado en el sagrario, o lo recen en familia, o en asociación piadosa, leer la Sagrada Escritura por lo menos durante media hora al día.

  • O hacer una visita piadosa, en grupo o individualmente, a uno de esos lugares jubilares, participando en la adoración eucarística y en meditaciones piadosas, concluyéndolas con el Padrenuestro, el Credo y una invocación a la Virgen María.

Obras de misericordia o caridad

  • O visitar, durante un tiempo conveniente, a hermanos necesitados o que atraviesan dificultades (enfermos, detenidos, ancianos solos, discapacitados, etc.), como realizando una peregrinación hacia Cristo presente en ellos;

  • O apoyar con un donativo significativo obras de carácter religioso o social (en favor de la infancia abandonada, de la juventud en dificultad, de los ancianos necesitados, de los extranjeros que, en los diversos países, buscan mejores condiciones de vida);

  • O dedicar una parte conveniente del propio tiempo libre a actividades útiles para la comunidad u otras formas similares de sacrificio personal.

Obras de penitencia
Al menos durante un día

  • O abstenerse de consumos superfluos (fumar, bebidas alcohólicas, etc.);

  • O ayunar;

  • O hacer abstinencia de carne (u otros alimentos, según las indicaciones de los Episcopados),

Todo esto entregando una suma proporcional a los pobres. O cualquiera otra que haya dispuesto o disponga la Iglesia y esté vigente


lunes, 31 de octubre de 2016

10 CONSEJOS PARA REZAR EL ROSARIO...

10 consejos sorprendentes para rezar el rosario conversando con María en el día a día. Para rezar incluso “sin palabras”
La oración del rosario, popularmente llamado “tercio”, es un medio para repasar con calma los misterios de la vida de Jesús y María – mientras recibimos gracias muy especiales prometidas por la madre de Dios a la humanidad.
Con base en el libro “El rosario, teología de rodillas”, escrito por el sacerdote Florian Kolfhaus, de la Secretaría de Estado del Vaticano, ofrecemos 10 consejos prácticos para rezar el rosario todos los días:
1 – Lleva siempre el rosario en tu bolsa
O el decenario, que tiene sólo diez cuentas y puedes transportarlo fácilmente. Cada vez que agarres las llaves de casa, recuerda también llevarte el rosario.
2 – Aprovecha tu tiempo libre para rezar
Mientras esperas en la consulta médica, en una pausa del trabajo o los estudios, en las filas del día a día…
3 – Reza durante las tareas y actividades deportivas
Existen actividades que no exigen mucha concentración porque son más bien prácticas: extender la ropa, lavar el coche, andar en bicicleta, correr… Así como las personas que se aman piensan el uno en el otro durante esas actividades, también el rosario puede rezarse como gesto de amor a Jesús y a María.
4 – Imágenes y música pueden ayudar…
El rosario es una oración contemplativa: más importante que las palabras que decimos está la predisposición del corazón para contemplar los misterios que estamos meditando. Así, puedes escoger imágenes que ayuden a contemplar cada pasaje de la vida de Cristo y María. La música sacra en segundo lugar también puede ser un instrumento útil para recogerte.
5 – Transforma tus distracciones en un “asunto de oración”
Las distracciones están todo el tiempo a nuestro alrededor: es la lista de compras, el aniversario, una persona enferma, una preocupación…
Luchar contra estos pensamientos no los elimina. Lo mejor es hablar con Dios sobre esas “distracciones” y rezar un Ave María por las personas e intenciones relacionadas a ellas: con ello, la oración se vuelve sincera, real, personal, incluyendo las cosas que inquietan tu corazón y poniéndolas en las manos de Dios, por intercesión de Nuestra Señora.
6 – Reza durante tus traslados
El camino hacia el trabajo o la escuela, sea en coche o en autobús, tren o caminando, es una oportunidad para charlar con María como quien conversa con cualquier otro amigo: con naturalidad, sin necesitar inclinar la cabeza ni cerrar los ojos. Aprovecha y dedica los Ave María a las personas que se cruzan en tu camino y en tu vida: esos “extraños” que están por las calles y aceras, las personas del trabajo y la escuela… Si te topas con un médico, por ejemplo, reza por él y sus pacientes.
7 – Reza “peregrinando”
El rosario puede rezarse en todo lugar. Nada impide que lo recemos de rodillas, ofreciendo el sacrificio físico por el fortalecimiento de nuestra voluntad y por las intenciones de desagravio, pero no se trata de “aguantar lo máximo posible a toda costa”. Lo que importa es saber que nuestro cuerpo y nuestra alma son para Dios. Puedes rezar sentado, acostado, caminando, con la misma confianza del hijo que habla con su mamá sin preocuparse excesivamente por las formalidades. La forma, el modo, la postura deben estar al servicio del contenido: si no, no hacen el menor sentido.
8 – Ofrece cada misterio por una intención
Reza cada misterio por una intención especial: por tu familia, por un amigo, por el Papa Francisco, por los cristianos perseguidos en Siria, en Irak, en Estados Unidos, en tu escuela o empresa… Cuanto más específica es la intención, es mejor. No pidas sólo por ti: ¡sé generoso!
9 – Reza también en las horas de “desierto espiritual” – incluso sin palabras…
Todos pasamos por momentos de aridez espiritual, de aflicción, de angustia, en los que no logramos o hasta no queremos rezar. Al final, sucede lo mismo en relación a las personas que amamos: incluso amándolas, hay momentos en que no estamos con ganas de hablar con ellas. Son los altos y bajos del humor. En esos momentos difíciles, además, podemos hacer silencio y simplemente rezar un misterio del rosario. Ese gesto de fuerza de voluntad ofrecido a Dios puede ser la semilla de una transformación poderosa e inesperada. Además, puede ser suficiente sólo sostener el rosario en la mano, sin pronunciar ninguna palabra: la buena oración puede ser simplemente un acto de presencia. Así como en los momentos en que no tenemos ganas de hablar, pero queremos estar cerca de alguien, en silencio, porque la cercanía dice mucho más de lo que parece.
10 – Duérmete rezando el rosario
Rezar el Ave María, para un católico, hace más sentido que contar borreguitos para dormir, ¿no crees? Y toda mamá se conmueve al ver a su hijo o hija durmiéndose en sus brazos…